Pongamos orden
corazón.
¿Qué te sucede?
¿Cómo te avientas
sin pudor
a la locura?
¿Cómo reinventas
esas ganas
de sentirte vivo?
¿No estás acaso
demasiado herido?
A veces me pregunto
si lo inventas todo.
Si son sólo espejismos
que vienen del anhelo
estas cosas que sientes
casi sin proponerlo.
Podrías muy bien huir,
ponerte a salvo.
Podríamos sacudirnos
el arrobo
y mantener la calma
de estar solos,
en vez de entrar de lleno
y sin decoro
en este torbellino
de deseos.
Pero no.
Tus latidos no saben
de prudencia.
Cabalgan desbocados,
sin memoria,
como si fuera nuevo
algún camino,
como si no supiera,
como si no intuyera,
como si no fuera destino
caerse una vez más,
y así hasta el infinito,
en el abismo inevitable
de errar
mientras amamos.
Martes 16 de marzo
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